Por Federico Castillo G.
Consultor de Negocios
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Cada vez que estamos inmersos en las entrañas de una crisis, ya sea que haya sido provocada por factores internos o externos, siempre apelamos a una palabra mágica: Austeridad. Pero precisamente la magia de dicha palabra no solo radica en lo bonita que pueda sonar en los labios del Presidente de la Republica o en el coro al unísono de sus ministros.
La contundencia de su significado esta en los hechos. Que nos aboquemos a un verdadero sacrificio por parte de las autoridades en materia económica, se hace más que necesario, ahora que nos vemos seriamente amenazados por los diversos acontecimientos desestabilizadores de la paz mundial, sobre todo en el aspecto de la seguridad alimentaria.
Los conflictos en Egipto, Yemen, Libia, Jordania, unido esto al periodo de sequías en países claves para la producción de alimentos en el mundo e incremento galopante de los precios del petróleo en sus diferentes denominaciones, ponen patas para arriba a los principales líderes políticos y económicos del mundo. Existe un criterio único en cuanto al temor de una nueva hambruna mundial por las alzas registradas por las materias primas agrícolas, como el arroz, trigo, maiz, soya, entre otros.
En nuestro país a pesar de tener garantizada la producción de los alimentos, no podemos obviar el impacto que esto provoca en nuestro suelo. Somos dependientes del maíz para la producción ganadera. El trigo tiene un gran impacto en la dieta local, pues su derivado principal, la harina, es el elemento esencial para la producción de pan y galletas, vitales dentro de la esencia alimentaria dominicana.
Lo del petróleo ya todos sabemos lo que significa. A pesar de tener ciertos avances en lo referente a la diversificación de nuestro matriz generadora de electricidad, todavía dependemos en gran porcentaje del llamado oro negro.
Muchos economistas y políticos del patio abogan para que todos adoptemos medidas de racionamiento de nuestros recursos, sobre todo de un gobierno que ha demostrado ser un gran derrochador de recursos. Pero lo que mas me preocupa es que tengamos que caer en crisis para ser austero. La austeridad debe ser un elemento nodal dentro de las políticas a ejecutar por cualquier gobierno.
Tomemos ejemplos. Cuando la cotización del cobre se disparo en los mercados internacionales el ex ministro de Hacienda chileno Andrés Velasco, se dedico a crear reservas provenientes de las ganancias extraordinarias que tenían las ventas de cobre (Chile es el mayor productor de cobre del mundo), lo cual contribuyo posteriormente a hacer frente a la demanda de recursos para paliar un poco la situación que se suscito a raíz del terremoto ocurrido en el país sudamericano principios de 2010.
No tenemos, ni debemos esperar entrar en una crisis para administrar de manera moderada nuestros recursos. Un Estado no se puede sostener actuando de manera “reactiva”, debemos asumir con mas responsabilidad nuestras tareas para hacer frente a las adversidades que se nos vienen del exterior.
Que siempre sea tiempo de austeridad, no tan solo en crisis, sino por igual cuando nuestras arcas se llenan. Que pasemos del discurso a la acción, es lo que todos esperamos.
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